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Estrada |
El
taller de Adolfo Estrada (Buenos Aires, 1942), diseñado por él mismo en
pleno campo ampurdanés, es de una sencillez austera: una gran sala rectangular
con altillo, casi sin ventanas que den al precioso paisaje exterior. Estrada
ha escogido para su entorno un espacio elemental, sin ornamentos que le
distraigan de una rígida y ascética soledad auto-impuesta, donde elabora
imágenes reducidos al más fundamental de los vocabularios, la raya y el
cuadrilátero en el espacio. Los
tempranos estudios realizados por Estrada en arquitectura informan la
estética constructivista de sus obras."Mi
pintura es construcción", añade, "cuando hago
escultura también construyo".
Son obras pacientemente elaboradas con múltiples capas de pintura
al óleo que después son lijadas hasta perder toda huella
del pintor, sea pincelada, gesto o referencia pictórica, para dejarnos
con unas elegantes composiciones que se convierten en espacios meditativos
de intensa profundidad, demostrando una manifiesta devoción a lo sublime
y evocando comparación poco accidental con ciertas composiciones de Malévich
y los constructivistas rusos.
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