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Wade Hoefer

Nadando a contracorriente de las nuevas tendencias en el arte contemporáneo, el artista californiano Wade Hoefer rechaza nuevas tecnologías e imágenes apropiadas para trabajar con métodos tradicionales en la creación de paisajes, esmeradamente elaborados, que recuerdan un tiempo más sencillo, aquel lugar silencioso y misterioso que habita nuestros sueños.

La relación única que tiene Wade Hoefer con la tierra se desarrolló temprano, durante sus años formativos, cuando suplementaba sus ingresos supervisando labradores itinerantes en un viñedo californiano y trabajando como arquitecto paisajísta. Vive y trabaja en el condado de Sonoma, una zona al norte de San Francisco, conocida por la calidad de sus vinos y su abigarrada vegetación mediterránea. Es orgulloso de su conocimiento botánico, y puede recitar género y especie de un sinfín de plantas. No obstante, a pesar de su amor por la tierra, su obra no hace referencia a ningún sitio específico; son pinturas que carecen de identificadores que las puedan conectar con algun lugar. Son paisajes del corazón, sitios donde la figura está notablemente ausente y la intercesión del hombre es por suerte discreta, sin alambres telefónicos, vallas o caminos que nos puedan distraer de su completa armonía. Son pinturas de amor, un peán que celebra la relación única que comparte el artista con la naturaleza.

Las pinturas de esta serie fueron creadas entre 1999 y 2005, un período de intensa actividad creativa para el artista. El paisaje del Empordà, su costa, las colinas cubiertas de pinos y encinas, el meandro del Ter, el Montgrí, los ancianos olivares, los cipreses solitarios, los milenarios pueblos de piedra, todos han servido como inspiración para ésta obra.

Para Hoefer, cada pintura es un mandala, un instrumento que permite al espectador entrar, a través de la obra, a un mundo más profundo. Su elección de tema nace a raíz del entendimiento común del paisaje que compartimos todos; se convierte en un vocabulario visual, un léxico con infinita capacidad de repetición. Como para los pintores Sung de la antigua China, el paisaje se convierte en un vehículo con en el cual el espectador puede integrarse en un viaje interno a un mundo espiritual.

“El paisaje es lo que conozco, es lo único de lo que tengo certeza. Quita de la pintura la tradición paisajista y te quedarás con un profundo sentimiento de pérdida; es innatamente querida por el pueblo. Yo no estoy tratando de reinventar la rueda; sólo soy parte de una contínua. La intención de éstas obras es de aminorar la velocidad de la vida, de entenderse con un sentimiento de lugar en la historia, ser parte de esa continua, de esa larga tradición. Mucha pintura de hoy es efémera, tendencista o de moda, y las bajas son muchas. ¿Podemos honradamente decir que esas obras continuarán revelándose de sí mismas con el tiempo, que aguantarán diez o quince años? My obra está hecha a mano, labrada con sentimiento. Sólo somos humanos, y queremos confirmación de eso.”

 

 

Currículum

Pintura 1999 - 2003
Obra sobre papel 2002
Obra sobre papel 2004
La serie Luminoso, 2005