| Nacido
en Nueva York, hijo de arquitecto checo y escritora vienesa, Gary Komarin
es un pintor entre pintores, cuya obra es admirada por su autenticidad,
por el calado de sus vínculos con la tradición de la pintura
moderna y por su sempiterno individualismo como voz absolutamente personal.
Mirar una obra de Komarin es como hacer un estudio de los últimos
cincuenta años de pintura norteamericana.
Como muchos de los mejores
pintores de su generación, debe mucho a Matisse y a la Escuela
de Nueva York, sobre todo a su mentor Philip Guston, con quien estudió
en Boston. Komarin evita técnicas y materias de pintura tradicionales, prefiriendo
telas industriales y pintura para exteriores con las que elabora superficies
de capas con pintura látex mezclada con yeso y agua. La pintura
industrial le ofrece colores híbridos, un poco raros, y el yeso
le proporciona una preciosa superficie mate. La manera en que mezcla el
dibujo con la pintura en sus elegantes composiciones, dotandolas de objetos
icónicos que permanecen justo fuera del alcance de nuestra interpretación,
demuestran la evidente influencia de Guston, pero Komarin ha sabido filtrar
estas influencias a través de su propia y potente iconografía.
Komarin
goza de una larga trayectoria expositiva a través de los Estados
Unidos, Europa y Asia. En 1999 fue galardonado con el premio Joan Mitchell
Prize en pintura de la Elizabeth Foundation. Recibió el premio
Benjamin Altman Prize de la National Academy of Design Museum, Nueva York,
en 2002 y una beca de la Elizabeth Foundation for the Arts en 1999. Artículos
y críticas sobre Komarin han aparecido en el New York Times y en
las revistas de arte principales, incluyendo Art in America y Arts Magazine.
Su obra se encuentra en muchas colecciones públicas como el Museum
of Fine Arts, Houston; Montclair Art Museum, New Jersey; Microsoft Corporation,
Seattle; y Hyatt Corporation entre otros.
Komarin vive y trabaja cerca de Nueva York, en las colinas boscosas de Connecticut, donde mantiene su casa y taller.
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