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Lluís
Lleó
Un artista en Nueva York
Un artista que se mueve con idéntica facilidad en los ámbitos
de la pintura como la escultura, la obra de Lluís Lleó es
dificil de catalogar. Los trabajos recientes de Lleó no son ni
pinturas escultóricas ni esculturas pictóricas: son obras
a medio camino entre la figuración y la abstracción que
tienen como particularidad la combinación de la pintura con elementos
en relieve y que aportan a la obra un matiz arquitectónico. Referencias
arquitectónicas con las que, desde el inicio de los noventa, Lleó
ha trabajado, dando caso omiso a cualquier valor que no sea el poder misterioso
o evocativo de la geometría y las pautas que puedan marcar. El
resultado es una obra que busca una línea de concurrencia entre
elementos aparentemente opuestos: lirismo y contundencia, orden y caos,
presencia y transparencia.
Pintor de tercera generación, Lleó ha heredado de su abuelo
y de su padre el interés por las técnicas tradicionales,
descubiertas de pequeño en iglesias rurales de Catalunya y en los
frescos medievales del Vall de Boí (o en el MNAC en Montjuich),
utilizando el pigmento en su estado puro, con la técnica del fresco,
que trae una larga trayectoria en la historia del arte catalán
pero que actualmente es usada por muy pocos pintores. La técnica
del fresco, que como notó Robert Hughes, es "única,
descuidada, vulnerable pero milagrosamente duradera..., a base de agua
químicamente adherida al yeso mojado, de modo que no hay división
esencial entre el soporte y el diseño," ofrece a la obra cualidades
inesperadas, subrayando la inefable contradicción que hace indistinguible
la pintura del soporte y complica la definición de la obra del
artista.
La obra de Lleó se encuentra en numerosas colecciones internacionales:
el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia, Madrid, el Banco de España,
Madrid, el Museo de Nagoya, Japón, el Museo Sofía Imber,
Caracas, el World Bank, Washington, entre otras.
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